lunes, 17 de agosto de 2015

Una vez una persona me dijo que comenzaba a escribir cualquier cosa para después decir lo importante. Como cuando los cantantes vocalizan. Después se podía volver al principio y borrar el ensayo. Lo que no fue importante escribir pero que era necesario para comenzar.
Un texto más o menos largo o corto, no es así, no es relevante la medida sino el contenido que tenga.
A veces ensayo los textos que quiero escribir. Los pienso antes de escribirlos. Como tema o como sentimiento.
Me gusta enumerar los sentimientos del día. Saber qué me hizo sentir la lectura de un texto después de terminarlo. Pero lo que realmente he sentido es un temblor.
Me quiero robar el sueño de alguien más y decir que fue un terremoto. Un terremoto siempre deja heridos. Esa es la respuesta. La mayoría de las veces deja muertos.
Cuál es el lugar del terremoto.
La semana pasada me enviaron un simulacro de bomba atómica. Con motivo de los 70 años del ataque a las ciudades japonesas, alguien, no sé quién, hizo un simulacro de bomba atómica. Si cae una bomba atómica en pleno zócalo capitalino, mi edificio desaparece. El refugio que podría tener sería a unas cuadras del Monumento a la Revolución. Bien pensado mi trabajo también es un refugio.
Estos días he decidido caminar al trabajo.
Banquetas mojadas. 
Basura.
Indigentes.
Esta frase la escribió M: "me gusta saber que la ciudad es la misma, que las calles no se han movido".
El downtown es inmutable e imperecedero como las ideas. 
El downtown también es lo que menos definición tiene como el ser. 
Ay... "muy filósofa la pendeja", dirán los envidiosos, los realistas sólo dirán que soy una pouser.
Después de año y medio de vivir aquí siento que tengo toda la vida respirando el centro de la ciudad, es una sensación de pertenencia, de no querer salir de esta zona.
La vida adulta viene en forma de fichas.
En fichas del SAT, con impuestos que tienen puntos y decimales. Cantidades perfectas y calculadas, siempre sin perder un peso, cada mes. El gas, la luz, el teléfono. Recordatorios de que eso es la definición de responsabilidad.
Los puntos de encuentro comienzan a colapsar con otros puntos de encuentro.
Tengo semanas sin recordar un solo sueño.
Duermo como si muriera.
Muero como fiesta.
Fiesta como baile.
Baile como canción.
Canción como tarareo.
Tarareo como hablo.
Hablo como pronuncio.
Pronuncio como escribo.
No hay downtown sin covers de los noventa, sin travestis, sin caguama en bolsa, sin cocaína.
No hay downtown sin amanecer en la azotea.
Siempre hay basura en el downtown.
Siempre.

domingo, 16 de agosto de 2015

Tuve ganas de escribir un texto más o menos largo, ensayé por un rato y me quedé corta.

Nunca lo logro.

Después de temporadas caóticas está bien parar un poquito y ver qué se conserva después de todo.
Los lugares suelen mantenerse, la percepción de ellos se altera.
Las ciudad se llena de lugares con nuevos significados, las calles suenan distinto.
Un camino que parece ser el de siempre es ahora el hilo que une varios puntos de encuentro. 
Me gusta saber que la ciudad es la misma, que las calles no se han movido.
Aunque sigo sin saber dónde estoy parada, tengo algunas certezas.
Esta casa sigue siendo la misma, el sol se mete siempre a las mismas horas.
Las plantas aquí crecen bien. La vida adulta me hace no olvidarme de regarlas.
Maté una planta, la regué y volvió a la vida. Sé que depende de mí.
Los animales son los hijos de los sin hijos. Las plantas los animales de los sin animales.

Soñé que el clóset estaba lleno de ratas, salían por la pared.
Desperté y no hay ninguna. Puedo dormir tranquila.
Me gusta vivir aquí: en esta casa, en esta vida y en esta calle.
Que esta calle se llame como un plan a corto plazo, como una novela por leer.
Como un relato a escribirse aquí. 


domingo, 12 de julio de 2015

A veces anoto las direcciones en google maps y determino una ruta. Tengo miedo de elegir la incorrecta o de elegir el camino correcto pero querer llegar al otro lado sin disfrutar el paisaje.
En mi pasado saltan imágenes de vino tinto y libros que hablan sobre Heidegger.
Me mentí a mí misma. No borré la app del Timehop. 
Quiero arrancar la costra todo el tiempo.
Cuando veo ese pasado pienso que sin voltear atrás no podría reconocerme en el espejo de hoy. Todas esas anécdotas me construyen, una vez más, esta soy yo.
Idalia está casada, lo dicen como si fuera un karma.
No lo es.
Siento que sólo en algunos poemas hay finales redondos, en donde la primera frase marca la última.
También estoy formada en la fila del caos, de ese caos que justifica el orden como si fuera física cuántica. No me importa que sea un lugar común. Hoy en día casi todo está dicho, qué más da y quién da menos.
Ya no puede pasar lo peor, porque las cosas peores han ocurrido antes, en ese pasado al que volteo para saber quién soy.
Cuando digo cosas peores pienso en F. 
También pienso en A. 
Pienso en el noveno piso con una vista espectacular al Periférico.
El presente tiene mensajes que se expresan en screenshots, no hay tantos secretos entre las personas. Hay algunas situaciones que se han viciado, de las que hay que tomar distancia.
¿Un octaedro de casualidades?
¿Vértigo de presente?
En el pico más alto de la semana siempre hay una caída al vacío, un vacío que no se llena en las mañanas nubladas. Cuando me asomo a la ventana estoy viendo la torre Latinoamericana. Me está ocultando de todas las miradas.
He decidido poner a todo volumen Black water de Timber Timbre.
and from the island people watched you
you set that viking ship ablaze
we reached the moon's false icy cauldron
and found the spirit that I crave

Quiero escribir el final de la historia en donde sólo soy un personaje secundario. 
¿Cómo comenzó todo?
Acepté una solicitud de Facebook.
Nunca pensé que dos cosas pudieran contener un riesgo.
Hay locaciones de mi estado de ánimo que no tienen un rumbo. 
Ojalá tuviera la respuesta y la coordenada perfecta en cada momento que la necesito.
¿En dónde estoy y qué hay aquí?

lunes, 6 de julio de 2015

jamás hubiera volteado en esa dirección.
no lo hice hasta que me dijeron que había algo escondido en el pasado, algo imperceptible.
de haber sabido que voltear implicaría tomar un camino sinuoso, hubiera optado por dejarlo en la anécdota, ¿o no?
en un final que se completaba a sí mismo.
pero no, me formé en la fila del caos
 y esperé a que pasara lo peor.
nada bajo control, un caos articulado por silencios y secretos.
yo no pedí el octaedro ni las lesiones colaterales.
el camino fue ruidoso. la maquinaria tenía daños de origen.
el operador sufría de vértigo.
los puntos más altos desparecen, se olvidan en los descensos violentos.
un viaje incierto que deja una sensación de mareo.
un final que me gustaría que alguien más contara.

lunes, 22 de junio de 2015

en el futuro se escribe con cuatro manos



antes todo comenzaba con emojis
pero los quitamos para poder dialogar
sin miedo
me gusta escribir sin mayúsculas
descubrí que me gusta el título de la canción:
my terracotta heart
corazones de estalactita, cuchillos involuntarios
you're a needy girl
i can tell when i look in your big brown eyes
(baile de introspección)
(baile en japonés)
¿este es nuestro lugar?
debe ser
no quiero que nada salga mal
si lo escribimos saldrá bien es el poder de la palabra
(si es que tiene un poder)
supongo que tendríamos que estarnos divirtiendo
¿qué hay en el futuro?
unos audífonos y sonará un piano de damien rice
la letra dice: “maybe is not the season, maybe is not the year”
¿y cuándo sí?
en el futuro estamos bailando con el cabello suelto
¿cuándo es el futuro?
¿cuándo es después?
voy a tener 31, como tú
y yo 34 como nadie que conozca
hola, es nuestro futuro
¿te acuerdas del futuro en el pasado?
más imágen y menos texto
más certezas sin  encuentros fortuitos
el azar se leía en el camino
¿había corazones rotos?
había un tablero para jugar
había un piso
sabíamos cuándo era el fin de cada partida
porque nosotras
(tú y yo)
lo decidíamos
no había vacío y las palabras tenían una nomenclatura clara
la verdad era la verdad
casi siempre fue nuestra
y la mentira se volvía verdad por decisión
y nuestros mundos estaban separados
nuestras fiestas no sucedían la misma noche
el corazón tenía una morada
rompimos con ese equilibrio
lo fuimos aniquilando
a mí me aburrió
me aburrió ese corazón quieto, que latía sin problemas
el equilibrio me escribe con las mismas certezas del pasado, se acuerda de esos días
el pasado viene con imágenes, estaba en silencio
¿qué se sentía?
la mirada de anubis es lo que me devuelve el silencio
¿me interrogaba?
¿quién hace las preguntas en el pasado?
¿quién respondió?
¿quién elimina los pronombres?
¿quién no habla en primera persona?
(me dieron ganas de llorar en esta parte
si fuera tú estaría comiéndome las uñas
pero soy yo y sólo estoy sintiendo ganas de llorar)
¿vale la pena esperar a que el futuro sea el que queremos?
es más que los deseos y las ganas de que suceda
me gusta pensar que escribimos ahora
nos equivocamos: el futuro no se narra en futuro
narración en presente
¿por favor?
¿qué escribirías?
quiero que futuro a partir de aquí esté en inglés
en el future sigo cuestionando el past
(no sé si es pregunta o afirmación)
yo pediría una carretera
¿para qué la carretera?
para ir a algún lugar, un destino preciso, sin desviaciones
¿te acuerdas que compramos futuro?
tenemos un destino
algunos se quieren unir a nuestro destino
(más de uno)
¿hay alguien observando nuestras decisiones?
quiero ir y buscar el significado real de un hogar
quiero saber qué hora elegiste
austin para buscar el present past
en el archivo personal
(sin metáfora)
con nombre y apellido y fecha precisa
estamos escribiendo el pasado de nuestro viaje
el nombre de una calle y el de toda mi vida
quiero conocer el downtown de esa vida
          de ese camino
me gusta encontrar el centro
como síntoma
así se entiende a las ciudades (y a las personas)
¿somos o tenemos downtown?
la última vez leímos mal el google maps
y teníamos brújula
quiero echarle la culpa a los mapas
porque trazan venas
sin sangre, sin downtown
respiran una existencia sin domesticar
¿la geografía está deprimida?
se despierta tarde para todo
un rescate para los destinos sin trazar
¡s á l v a t e   t ú!
¿en qué tiempo de la narración nos salvamos?
Ojalá todo fuera dejar un respiro entre cada letra
Y poner un punto final.

jueves, 4 de junio de 2015

Hoy leía en voz alta un cuento de Chéjov en donde la protagonista es una perrita que se pierde porque su dueño se emborracha en una noche especialmente fría:

Kashtanka dividía a toda la humanidad en dos partes muy desiguales: en dueños y clientes; entre unos y otros había una diferencia sustancial: los primeros tenían derecho a pegarle, mientras que los segundos era ella la que tenía derecho a hincarles los colmillos en las pantorrillas.


Un poema de Berta García Faet que se llama "Me gustaría meter a todos los chicos que he besado desde el año 1999 en una misma habitación":

me gustaría no clasificarlos
pero estoy segura de que los clasificaría porque clasifico todo
no lo haría por edad o por nacionalidad o por aptitudes o por estado civil
habría 2 grupos
el grupo de los chicos con los que fui yo
y el grupo de los chicos con los que no fui yo
(dentro del grupo de los chicos con los que no fui yo
seguramente habría algún chico impertinente
que preguntaría
si no eras tú, quién eras? friedrich nietzsche? alfonsina storni?

Banana Yoshimoto divide el amor en dos tipos: amores que tienen un final predecible y amores que parecieran no tener un final.

Ojalá que todo fuera tan sencillo como dividir el mundo en dos, que sólo estuvieran las personas que se despiertan temprano y prenden la computadora y las que despiertan tarde y no hacen nada. Sólo dos opciones, nunca las dos al mismo tiempo: Zucaritas o Chococrispis, Lamy o Montblanc, Gap o Levis.
Existen las personas que creen en el amor, otras que no quieren creer o que tienen miedo o que son lisiados emocionales.

Yo quiero hincarle los colmillos en las pantorrillas al grupo de chicos con los que siempre fui yo, despertar temprano y prender la computadora, desayunar chococrispis, usar una montblanc, vestir pantalón negro gap, creer en el amor.
Sobre todo eso, creer en el amor, en el amor al que es imposible verle un final.

martes, 2 de junio de 2015

Terminé un libro que se llama Amor, etcéterade Julian Barnes el título viene de una frase que dice un personaje, Oliver. 
Él considera que el mundo se divide en dos tipos de personas: 
unas para las que el amor es todo y el resto de la vida es un etcétera,
y
las que no valoran el amor demasiado y les interesa más el etcétera. 

Para Keret:
las que duermen del lado de la pared
y
las que prefieren dormir al lado de alguien que los empuje.
Yo creo que el mundo se divide en:
las personas pasajeras, olvidables
y
las personas entrañables, las que se repiten. 
las que meten las sabanas en el colchón
y
las que se sienten atrapadas cuando otros lo hacen.
Para Auster debe haber dos tipos de personas: 
las que ven algo extraordinario en el azar
 y 
las que ni siquiera lo notan. 

Quiero ser de esas que lo notan siempre, no quiero pensar que la vida pasa sólo porque sí. 

lunes, 25 de mayo de 2015

Querida I,
En días como hoy puedo pensar en pocos refugios.
Me tranquiliza que este lugar siempre esté aquí.
Aún en las primaveras más aceleradas y absurdas de las que hemos tenido noticia.
¿Te acuerdas cuando nuestras casas y nuestros problemas eran otros?
Las certezas eran más pero menos placenteras.
Empecé a escribir este texto hace unos días y lo retomo ahora.
Sintiéndome un poco igual y un poco peor.
Me gustaría que todo fuera más fácil, dejar de ser este tipo de persona que se tira al vacío sin importarle lo que pasará después.
Hoy ya es después y después es abrumador.
Tú dices: "no eres normal", yo acepto.
No quiero crecer, no quiero tener que aceptar la vida como es.
Hacer un berrinche y que se haga lo que yo digo.
Me ha dolido la cabeza desde que desperté (sin despertador).
Caminé desde lejos hasta mi casa. Estaba lloviendo y por eso lo hice.
Pensé que sería la escena perfecta.
Ojalá todo estuviera menos mediado por la literatura y le llamáramos a las cosas como son.
Necesito que el tiempo pase rápido.

Se me indicó de antemano, lo sé.

Te quiero,

M.

P.D. ¿La multiplataforma nos resta discurso?
P.D. 2. Me emociona pensar en impreso.




martes, 12 de mayo de 2015

Querida M,
Hoy desperté. Ayer olvidé cerrar las cortinas. Así que de golpe vi las nubes. 
Unas nubes esponjadas, como borregos fugándose hacia el Ajusco. 
Se desplazaban hacia cada lado de la Torre Latino.
Tomé una foto. 
Siempre es la misma foto, desde el mismo ángulo de mi ventana y el mismo Hotel Congreso Garage asomando en primer plano. 
No sé cuántas veces he tomado esa foto desde que llegué a Cuba. 
No importa porque el color del cielo y las nubes nunca son las mismas, nunca, en estricto sentido, es la misma foto. Me recuerda el cuento de Paul Auster en donde un señor tomaba una foto todos los días a la misma esquina. ¿Lo recuerdas? Tenía todas las fotos en un álbum.
También me acuerdo cuando me diste a leer un libro de coincidencias de Auster. En donde narra cómo iba a morir por un rayo. Me lo enviaste porque nuestras entradas iban a hablar de eventos extraordinarios. Sin saberlo nos dirigíamos a una (la) historia de P. A., que ya había comenzado años atrás. Nunca sabemos cuándo el pasado tomará importancia. 
Ahora mismo puede ser que estemos en medio de una coincidencia y no lo sepamos aún.
Quizá siempre es la misma coincidencia, como la foto, sólo que la atmósfera cambia.
Acababa de tomar la foto de las nubes y la Torre cuando me enviaste un whatsapp:
"Lluvias fuertes por la tarde".
Traje mi paraguas de pato a la oficina.
Traje también un libro de Walter Benjamin que me regalaron de mi cumpleaños.
El prólogo comienza así:
"El pasado está lleno de cosas curiosas, tristes y alegres, y en su mayor parte olvidadas. Gente que uno catalogaría como extraña, lugares ahora inhabitables, hechos para los que parece no haber explicación. Pero el presente también tiene sus misterios, aunque sea lo más próximo y podamos tocarlo con la mano".
Esta correspondencia parece presente puro, pero también ha mutado, seguimos asombrándonos de nuestra cercanía y, sin embargo, ya tenemos una distancia que podemos mirar con cierta extrañeza. 
Prevalece la amistad, los códigos secretos y los emojis en descripción.
Te quiero,
I.



domingo, 10 de mayo de 2015

Querida I,
Cenamos quinoa y acordamos que abriríamos un blog.
Lo abriste esa misma noche. Tú siempre cubres la parte de la acción, eso me tiene tranquila.
Ésta es una primavera muy diferente a la pasada.
Ayer caminamos por las mesas donde nos sentamos hace unas (cuatro) semanas.
Cuando el futuro prometía ser mejor.
Recapitulamos nuestro año pasado.
Hace un año gritaste mi nombre afuera de Galveston. No sé cómo te escuché. Siempre pienso que es el tipo de cosa que yo jamás haría, Impulsitos Sautto.
El mayo pasado anunciaba un período de calma y espera. Decía que todo iba a estar bien.
Éste dice que pasará y que todo tiene que estar mejor.
Hay que saber esperar.
Pronto quiero contarte que todo está bien.
Que las capturas de pantalla digan eso.
Ya no me gusta la quinoa, me recuerda a NY de septiembre.
Galveston sigue siendo el mismo lugar. Este septiembre se anuncia como un puerto sin pretensiones después de un road-trip improvisado.
Ayer escribí que eras una extensión de mí. Me gusta pensar que la amistad es eso.
No te pierdas de ti, ni de mí.
Te quiero,
M.

viernes, 8 de mayo de 2015

Querida M,
Hace un año comenzó una correspondencia que después salió a la luz en este blog.
En esa primera entrada te hablé del libro: the dark said.
Acababas de volver de N.Y. y fue uno de los libros que habías traído contigo.
Hoy siento que he caminado un poco por la oscuridad, a veces me logro encontrar, otras veces me pierdo en la inmensa oscuridad.
Sólo tenemos la certeza de que hay algo más allá.
Quiero decir, más allá de los días, de la tristeza, de la lluvia y de las ecobicis.
¿Pero qué sería de nuestra vida si no nos atrevemos a mirar la oscuridad?
No estoy segura si después de un año podemos decir que las cosas han cambiado.
Seguro que han ocurrido cambios, pero las mudanzas prevalecen.
Sigue Allende y sigue Galveston.
También siguen las palabras en su camino por intentar opturar los vacíos que tenemos dentro. Algunos que logramos descifrar y otros que se pierden en el día a día.
Quizá de las cosas más bellas que han ocurrido últimamente es descubrir en la blogosfera una imagen tuya leyendo, recargada en un barandal del Metrobús.
Me gusta que éste sea el espacio en donde sólo escribes, como si se trataran de telegramas, algunas impresiones de todo lo que ocurre.
Cuando abrí mi iPhone por la mañana tenía un whatsapp tuyo que decía: No te pierdas a ti.
No me voy a perder porque siempre tendré las palabras como un delgado hilo que me sostiene a la realidad.
Te quiero,
I.

martes, 14 de abril de 2015

Abril en Abril

Abril hizo su tesis sobre Cortázar.
Yo hice mi tesis sobre José Clemente Orozco.
Las dos estuvimos los mismos años en la Facultad de Filosofía y Letras.
Nunca nos vimos en los pasillos.
Las dos viajamos el mismo año por primera vez a Nueva York.
Ella compartió asiento en el avión con el hijo de Orozco.
Yo hice una estancia de investigación en el MoMA leyendo cartas de Orozco a Alfred H. Barr.
Nunca nos encontramos.

*

Conocí a Abril en el 2009, en la FIL de Guadalajara.
De inmediato comenzamos a platicar en proyectos que podíamos llevar a cabo juntas.
Fue amor a primera vista porque después de eso comenzamos a desayunar en el Moheli. 
Nuestras pláticas siempre eran interminables.
Las dos estábamos en psicoanálisis así que siempre recurríamos a Lacan para explicar nuestra tristeza, histeria, felicidad.
Esa vida en 2009-2010 tenía otra geografía y otros personajes. 
Se puede decir que Abril y yo cambiamos de vidas y en el inter nos separamos pero después volvimos a encontrarnos.
Pero antes, en 2010, comenzamos a tejer juntas y ella me decía teacher porque le había enseñado a tejer bufandas.

*

Abril era el nombre que sugirió mi abuela cuando nací. 
Le pareció un nombre adecuado para una niña nacida en este mes.
Al final mi mamá decidió ponerme Idalia, como ella.
Abril entró al Centro Escolar Exea en 1993. El año en el que a mí me cambiaron al Quetzalli.
Y sin saberlo se hizo mejor amiga de la que en ese momento era mi mejor amiga.
Una niña que siempre me recordó a Blancanieves. Que tenía el pelo negro y la piel blanquísima.
De las cosas que hacía con Vero Chávez era intercambiar nuestros tenis panam y jeans en el baño.
A mí me gustaban sus jeans porque tenían pinzas, a ella le gustaban los míos porque eran rectos.
Era una época sin posibilidad de encontrarse de nuevo, así que cuando salí de esa escuela se perdió todo contacto.
No la volví a ver.
Años después supimos que Abril había entrado a esa escuela cuando yo salí y que habíamos compartido a la misma amiga.

*

En el 2000 llegué a vivir al barrio de Los Reyes Coyoacán. En el edificio en el que vivía tenía una vecina que era arquitecta y que al poco tiempo se casó con un doctor veterinario.
Los sábados hacían asados en un pequeño patio interior que tenía su departamento por ser el de la planta baja.
Recuerdo que a veces me asomaba por mi recámara y veía las cabecitas de las personas tomando el sol en el pequeño jardín.
Siempre pensé que era una bendición no tener una familia grande y no tener que asistir a ese tipo de comidas.
No sabía, eso también lo supe cuando conocí a Abril, que el esposo de la arquitecta era su tío y que había ido varias veces a su casa. 
Nunca nos encontramos en el edificio.

*

Ayer comí con Abril.
Fuimos a un restaurante cerca de Reforma sobre la calle de Aurora.
Antes de comenzar nuestra sopa de hongos y espinaca chocamos las cucharas y nos vimos a los ojos como si nos pudiéramos matar con la mirada.
De estos pequeños rituales se nutren las amistades.
Gestos que me gustaría desplazar junto con el cariño que les tengo a mis amigas.
Desde el año pasado decidimos que siempre que nos veríamos elegiríamos comer en restaurantes bonitos.
Ya no tejemos bufandas.
Ya no vivimos en el sur de la ciudad.
Abril ahora tiene el pelo corto y yo largo, quizá tan largo como lo traía ella cuando la conocí, quizá tan corto como lo traía yo en aquellos años.


lunes, 6 de abril de 2015

Abril

I nos presentó por mail, sugirió que nos hiciéramos amigas.
Las dos aceptamos sin preguntar.
Pensé que se llamaba Alicia, pronto me aclaró el asunto.

Cuando la vi de lejos la reconocí.
Dejé de verla y volví a encontrarla.
Es el vínculo entre algunos mundos paralelos.
Ella aprendió a tejer en casa de I, yo jamás lo logré.

Los retratos que mejor le salen son los de ella misma, sabe mirarse de lejos.

Descubrí que no había nacido en abril y me decepcioné.
Sus papás se casaron ese mes o algo parecido.

Ilustró el mes de abril en un calendario, me lo regaló, lo veo y me río sola.

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Se puede poner una fecha con límites de entrega a los pensamientos?
¿Cómo cambia la escritura cuando se sabe que se debe de escribir?
  Cuando escribo con prisa, con sueño, comienzo a repetir palabras y no las veo, hasta mucho tiempo después. Me parece que lo más sano siempre es dejar que los textos tengan su propio reposo, aire.
A veces ocurre que no hay tiempo. Creo que la escritura se comienza a colar en las muletillas que cada quien tiene, y eso me da miedo.
Y me sucede que en un mismo texto tengo la repetición de frases de este tipo:
"creo que"; "me parece"; "me sucede"; "cuando"; "a veces".
Cuando escribo sabiendo que ya era para otro día es peor. Es como estar escribiendo fuera del registro. A veces no hay de otra.
Y los pretextos son muchos, pero ninguno es válido.
Estar fuera de tiempo siempre es estar en falta.
¿Pero qué pasa con las ideas?
Me parece que la escritura, antes de volverse palabra, sólo es tiempo en nuestra mente, sólo es una chispa que puede comenzar a incendiar todo lo demás. 
Antes de materializarse sólo es una promesa, una posibilidad de que ocurra.
La idea de un blog, escrito a cuatro manos, es la esperanza de que se vuelva libro, forro, interior, página legal.
Este espacio me gusta porque hay un tema, porque hay un tiempo y porque también cuenta con su fecha límite.

jueves, 19 de marzo de 2015

escribir por encargo:
las fechas de entrega limitan el entendimiento. los deadlines matan el alma. 
sin fechas no escribiría, lo haría siempre un día antes de la fecha que se precisara. 
la procrastinación como extensión de la infinitud.
los proyectos que nunca ven ningún fin, que ni siquiera se jactan de tener un buen principio. 
escribir se trata (siempre)
de escribir,
escribir, escribir, 
leer, leer, escribir 
y volver a escribir.