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martes, 10 de junio de 2014

datos inútiles

Hace mucho que no tenía que leer ningún libro por encargo. 
Pero esta semana he comenzado a leer un libro que habla sobre la Biblioteca José Vasconcelos de Jorge Von Ziegler.
Nunca lo hubiera leído y ahora que apenas llevo un par de cuartillas me doy cuenta que es una especie de biografía de la historia de las bibliotecas en México. 
En 1895 se llevó a cabo el primer censo de población. 
Ahí se reveló que 86 de cada 100 mexicanos no sabían leer. 
Existían un total de 20 bibliotecas públicas en todo el país. Y los gobernadores se oponían a la apertura de nuevas bibliotecas porque no eran necesarias. El argumento hoy en día sigue siendo el mismo: no se necesitan bibliotecas. La Biblioteca Vasconcelos que abrió durante el sexenio de Fox también tuvo críticas sobre su apertura. No era necesaria y mucho menos en una zona marginada como Santa María la Rivera o la colonia Guerrero. Hoy en día esta biblioteca recibe a 2000 personas diarias sólo de diez de la mañana a dos de la tarde, en el transcurso del día hay cerca de 7000 personas.
Cierro un momento el libro. 
Tiene como título "La columna rota". 
Una columna rota es símbolo del non plus ultra, no más allá.
¿Qué quiere decir una biografía sobre bibliotecas? 
La pregunta que sigue es la que todos los historiadores se hacen alguna vez en la vida: 
¿de qué sirve saber estos datos? 
¿Sirve realmente de algo saber la historia de las bibliotecas? 
Últimamente pienso que hay muchos libros que sirven para hacer otros libros, es decir, que sirven sólo en la medida en la que existen investigaciones que necesitan de esos datos para respaldar otras historias. 
Después no sé para qué más puedan servir. 
Me sirve a mí para poder hablar con un grupo de personas y contarles la historia de la biblioteca en la que están parados. 
Después quizá a nadie le importe.

lunes, 9 de junio de 2014

leer ajeno

He desarrollado la habilidad de leer sin compromiso alguno, terminar novelas enteras en menos de 24 horas. A la par, he desarrollado también la habilidad de olvidarme de ellas al paso de los días.
Recupero sólo las estructuras narrativas y los personajes, lo más general e inmediato. Borro el resto.

La lectura vuelve a ser, de muchas formas, para un uso particular: laboral y pragmático.
Leo libros que jamás escogería, autores que no respeto y temas que no son de mi interés. Los explico en sí mismos, mientras rompo con mis propios criterios estéticos. 
Lo "bueno" se explica con otras reglas, no con las mías.
La lectura pierde su calidad cuasi religiosa para convertirse en un asunto operativo, un trabajo técnico.
Presto mis servicios para una causa en la que no creo. Formas de trabajo esclavo.